¡Grande el gurí!

Por Soledad Cayon, Soledad Devito y Natalia Alvarez

Con sólo 24 años Abel Pintos ya lleva diez de carrera y paseó su música desde Ingeniero White a Latinoamérica. Un adulto sobre el escenario que oculta un niño que sueña con ser feliz cuando sea grande.

Antes de deslumbrar a sus actuales seguidores lo hizo con León Gieco, quién luego de escuchar su demo, le produjo su primer álbum cuando ‘Abelito’ tenía sólo trece años. El joven referente del folclore nacional comenzó su carrera como telonero en presentaciones de Gieco, su padrino artístico y de la noche a la mañana, como en los  mentados libretos hollywoodenses, saltó del anonimato a la fama y lleva diez años de carrera comparables a los de ‘La Sole’ Sin poncho y menos avasallante en el escenario, conquistó desde el más tradicionalista al más festivo de los públicos.  

 

Aquel niñito que despertó ternura y admiración, se transformó en un joven que prefiere romper un poco con las tradiciones impuestas. Abel Pintos impuso un estricto look de muchachito del siglo XXI, que ya no contrasta cuando entona una melancólica zamba o una colorida chacarera. Su música es apta para todo público, incluido el de Viña del Mar del que ya tiene como reconocimiento dos Gaviotas de Plata.

 

Seis discos grabados y premios de todos los colores acumula el tímido ‘Abelito’, quien nunca imaginó el rumbo que tomaría su vida.  Aunque supo desde los seis años, que quería cantar, viajar y ser tan famoso como su admirada Mercedes Sosa. “Que Mercedes me diga ‘querido’, una vez cada cinco años, ya es un apoyo. No necesito nada más”, dice.

 

Definido como uno de los artistas que le está cambiando la  cara al folclore tradicional, fue distinguido con una mención especial en 1996, el Cosquín de Oro y un premio Carlos Gardel, entre otros. Reconocido y querido en el ambiente musical, lanzó su último disco con 14 temas de su puño y letra que lo van perfilando en cuanto a forma, modo y estilo propio.    

 

Se interesa por la política y tiene marcadas actitudes solidarias, pero es consciente de que “El que mucho abarca poco aprieta”, cosa que afirmó en varias entrevistas porque prefiere ser un tipo sólido en lo que hace. Aún así, sueña con fundar su propia productora y destinar las recaudaciones a la creación de una red de comedores

 

Acompañado en sus giras por su madre, quién  vende los CDs durante los recitales en esos pueblos donde las disquerías se conocen sólo por nombre, Abel tiene pendiente terminar la secundaria y recuerda con lágrimas en sus ojos el viaje de egresados que no tuvo y nunca tendrá.

 

Gracias a la vida por existir

Por Santiago Castro, Yamila Deluca y Nicolas Farina

Ante el festejo de los 198 años de la constitución del primer gobierno patrio, Mercedes Sosa puso su voz para grabar una versión del Himno Nacional Argentino. “Es una canción de mucha belleza musical, muy difícil de interpretar”, comentó. De ascendencia francesa y quechua, mantuvo a lo largo de su trayectoria un idilio con el compromiso social que reflejó en sus letras.

 

Su solidaridad caridad hacia los pueblos aborígenes y su interés por la unión de las razas y culturas indígenas, la llevó a crear en los años 60 el Movimiento del Nuevo Cancionero cuyo fundamento es la unión de las razas latinas “Mi madre, junto a mi padre, mi padrino y varios poetas y músicos de Mendoza fundaron. El movimiento, que expresaba una nueva forma de mostrar el folklore, no sólo desde lo musical sino también desde lo poético”, expresa su hijo Fabián.

 

Considerada por Fito Páez como “la mejor cantante que dio el país”, Mercedes Sosa trascendió fronteras con su carismática voz y sus letras populares, que la llevaron a cantar junto a íconos de la música mundial, desde Luciano Pavarotti hasta Atahualpa Yupanqui. Bondadosa y humilde, es considerada madre, maestra y amiga por muchas personas, entre ellos Charly García.

 

“Única voz auténticamente nativa exportable”, según su amigo personal Carlos Barranza. Para León Gieco ‘la Negra’ es única, y según Víctor Heredia “estar a su lado es lo mejor que te puede pasar”. Los elogios nunca cesan, desde la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner hasta el menos conocido de sus seguidores, todos tienen algo bueno que decir. Sin embargo Sosa no pierde su humildad y no olvida sus orígenes en el Jardín de la República.

 

Innumerables premios y reconocimientos, y más de 30 álbumes lleva Haydee Mercedes Sosa en su haber. Una vida entera dedicada a la música y a los demás. Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO para Latinoamérica y el Caribe, resalta que hay que seguir adelante con la humildad de los cantores populares.

 

Alguna vez le preguntaron: ¿Le gustaría ser recordada?, ‘la Negra’ respondió: “Sí. Los cantantes, en realidad, no mueren…”

Derecha y humana

Por Sheila Lis, Sheila Mola y Dario Raznoszczyk

La Figura de Cecilia Pando copó las rotativas en el 2005, cuando, en una carta de lectores publicada en el diario La Nación, defendió al ex obispo castrense, Antonio Baseotto. El religioso había sugerido que el por entonces  ministro de Salud, Ginés Gonzáles García, fuera arrojado al mar con una piedra en el cuello por , según él, avalar en aborto y repartir profilácticos. En el escrito, también denunciaba el amparo del ex presidente, Néstor Kirchner, para con Hebe de Bonafini, quien había invitado al Papa Juan Pablo II a “pudrirse en el infierno”. Ocurre que la mujer del mayor retirado Rafael Mercado, es una católica ortodoxa y como tal, se manifiesta  en contra del aborto y la pastilla del día siguiente (a los 40 años tiene como legado a 7 hijos).

Reconocida como una de las defensoras más destacadas de las víctimas del “terrorismo marxista”, Pando afirma que su marido fue dado de baja de las Fuerzas Armadas porque ella dijo lo que pensaba públicamente. El rol social de esta paladina de la junta militar, consiste en exigir que se cuente la historia “completa” de los años 70.

Según ella, los desaparecidos no fueron 30 mil, puesto que la mayoría “escapó a Europa”. Además de apuntar con su ametralladora verbal  a la subversión y a las “madres del odio”, tal como define a las Madres de Plaza de Mayo, pone en la mira el papel de los miedos de comunicación, que, de acuerdo a sus palabras, responderían a los intereses del Gobierno de turno.

La joven (en comparación a quienes comparten su ideología) y mediática veladora del Proceso de Reorganización Nacional, justifica el robo de bebés llevado a cabo en dicho régimen. Sin ir más lejos, es la presidenta de la Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la Argentina, una  entidad que considera “presos políticos” a los militares y al personal de seguridad procesados por la represión ilegal ejecutada tras el golpe del 76’. Si  bien se describe a sí misma como una mujer “a favor de la vida”, reivindica los delitos de lesa humanidad efectuados en el mismo y responsabiliza a los “guerrilleros terroristas”.

Fue en uno de los actos pro-golpistas que encabezó que acusó de terroristas al canciller, Jorge Taiana, y a los periodistas Miguel Bonasso y Horacio Verbitsky. Pero no todos son oposición. Entre sus “aliados de doctrina” se encuentra el ex comisario, Luis Patti, y el ex capellán de la policía, Christian Von Wernich.

Del mismo modo que sostiene que desde 1983 hasta hoy, ningún gobierno logró cerrar la herida abierta hace tres décadas, rechaza los títulos de “asesinos” y “represores” con los que se define a quienes “lucharon” contra la sublevación. Incluso llegó a advertir que “mientras el mundo recuerda y repara a las víctimas del terrorismo, en Argentina nombramos a los Bin Laden de los 70 en puestos públicos para juzgar a quienes los combatieron”, mientras que, derecha y humana, vaticina: “la verdadera justicia llegará”.

Un angel para tu soledad

Por Aldana Tersitano, Eliana Reynoso y Yemina Areyano

Cuando uno escucha la historia de Claudio “Pocho” Lepratti, piensa que su matador, el  oficial Esteban Velásquez merece pudrirse en una cárcel sin, ni siquiera, a llegar a ser beneficiario del descanso de la muerte inmediata.

    Claudio dejó la carrera de derecho a los 20 años para ingresar al Instituto Salesiano de Funes, en Santa Fe, años mas tarde, ante la negativa del instituto de participar en villas de emergencia, Lepratti decidió alejarse, porque pensaba que “la gente no podía esperar.” Desde ese momento, mientras estudiaba teología junto al padre Edgardo Montaldo, coordinaba talleres para niños.

Así, poco a poco logró formar ‘La Vagancia’, un grupo juvenil que tenía como objetivo reclamar y defender los derechos de los jóvenes, Pocho logró acercar el arte a estos adolescentes que fueron excluidos de toda  educación.

    “El trabajo nos hace ascender como personas, mientras que la falta de trabajo nos insita a la violencia, a la droga y a la delincuencia”, predicaba. “Él había hecho votos de castidad y pobreza. El único que no mantuvo fue el de la obediencia”, explica Natalia Martín, integrante del centro comunitario bautizado como Bodegón Kultural la Kasa de Pocho.

    Este joven de gestos tímidos y mirada limpia murió durante las violentas jornadas de diciembre del 2001, cuando una bala impactó en su tráquea.

 Cuentan que Pocho estaba en el techo de la escuela, cuando pronunció sus últimas palabras, que más tarde fueron perpetuadas en una canción de León Gieco, “bajen las armas que sólo hay pibes comiendo”.

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