Por Sheila Mola, Darío Raznosczcyk y Nicolas Scolnic
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Actor de profesión, político por vocación. Así se define Eugenio “Nito” Artaza.
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Si bien a causa de su profesión siempre estuvo ligado a programas de chimentos y espectáculos , jamás imaginó que una amante- llamada Cecilia, como su esposa- lo mandaría en ‘cana’ en vivo y en directo, y mucho menos en uno de sus magazines de cabecera.
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“La lucha contra el corralito me despertó la vocación política y no la puedo dejar”, sostiene seriamente el hábil orador.
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“Yo no te voté, pero te vengo a ver”, haberse reído tanto de los políticos hace que la gente no lo tome en serio y, según él, es lógico que lo hayan votado pocos.
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Es un gran admirador Frondizi y especifica que es desarrollista, capitalista e inversionista. Considera que el Estado no tiene que dirigir todo, sólo tiene que imponer normas claras. Por eso integra la cúpula fantasma de un partido fantasma: el radical.
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En la entrada de su oficina de Palermo puede leerse una declaración de principios en la que jura “aguantar lo que venga con entereza, tener coraje para vivir de acuerdo a mis convicciones, ser útil y agradable, y si es posible, bueno, gritar mi dolor cuando duela y mi alegría cuando cante”.