Un angel para tu soledad

Por Aldana Tersitano, Eliana Reynoso y Yemina Areyano

Cuando uno escucha la historia de Claudio “Pocho” Lepratti, piensa que su matador, el  oficial Esteban Velásquez merece pudrirse en una cárcel sin, ni siquiera, a llegar a ser beneficiario del descanso de la muerte inmediata.

    Claudio dejó la carrera de derecho a los 20 años para ingresar al Instituto Salesiano de Funes, en Santa Fe, años mas tarde, ante la negativa del instituto de participar en villas de emergencia, Lepratti decidió alejarse, porque pensaba que “la gente no podía esperar.” Desde ese momento, mientras estudiaba teología junto al padre Edgardo Montaldo, coordinaba talleres para niños.

Así, poco a poco logró formar ‘La Vagancia’, un grupo juvenil que tenía como objetivo reclamar y defender los derechos de los jóvenes, Pocho logró acercar el arte a estos adolescentes que fueron excluidos de toda  educación.

    “El trabajo nos hace ascender como personas, mientras que la falta de trabajo nos insita a la violencia, a la droga y a la delincuencia”, predicaba. “Él había hecho votos de castidad y pobreza. El único que no mantuvo fue el de la obediencia”, explica Natalia Martín, integrante del centro comunitario bautizado como Bodegón Kultural la Kasa de Pocho.

    Este joven de gestos tímidos y mirada limpia murió durante las violentas jornadas de diciembre del 2001, cuando una bala impactó en su tráquea.

 Cuentan que Pocho estaba en el techo de la escuela, cuando pronunció sus últimas palabras, que más tarde fueron perpetuadas en una canción de León Gieco, “bajen las armas que sólo hay pibes comiendo”.

Un Pino que nunca derribaron

Por Victoria Gonzales Chans, Cristian Maier y Damian Galarza

    Sí, es verdad, Pino Solanas, arte, política y documentales suena lo suficientemente aburrido como para que dejes de leer esta revista ahora mismo, pero si llegaste hasta acá presta un poco de atención y en una de esas, joven argentino, podrás lucirte ante una señorita culta que te quieras levantar.

    Estrenó clandestinamente su primer largometraje “La hora de los hornos”, en 1968, en el que se trataba la violencia en Argentina y América Latina con el que obtuvo el reconocimiento internacional. Tres años después lo convocó Juan Domingo Perón para filmar en Madrid sus dos testimonios cinematográficos: “La revolución Justicialista” y “Actualización doctrinaria”.

Ahora, si no te llevaste política nacional a marzo, imagínate que fue perseguido por la triple A y, luego, en el ´76 por la dictadura militar, se lo querían comer vivo porque lo consideraban zurdo y peronista, cosas que en esa época era para pensar en dos opciones: que te fusilen en donde te encuentren o exiliarte. Pino eligió irse a España y luego a Francia, de donde volvió en el ´83 con el retorno de   la democracia.

    Si vemos el costado político, la verdad, zafó bastante bien gracias a sus principios, porque fue diputado por el Frente Grande en el ´94, y un año después se las tomó porque ‘Chacho’ Álvarez; quien encabezaba el partido, y Graciela Fernández Meijide (si, la de las ojeras hasta el piso) lo acusaron de querer romper el partido por no aceptar la proposición de reformar la constitución. Si estos nombres te parecen conocidos es porque ellos formaron parte de la Alianza, de donde fue elegido presidente el dormilón de Fernando De la Rúa.

    Lo que no sabia Pino es que Fernandito, y los cinco presidentes que asumieron en una semana, le darían material de sobra para hacer tres documentales que describen el desastre que fue el país en el 2001, se llamaron “Memorias del Saqueo”, “La dignidad de los nadies” y “Argentina latente”.

    Si hasta ahora pensaste que este tipo hizo lo que quiso sin sufrir ninguna consecuencia, te equivocaste. Dos balazos por parte de desconocidos fue lo que logró por denunciar desde su banca de diputado en el ´91, los negocios sucios de (coloque su mano acorde al sexo) Carlos Saúl Menem cuando privatizo Y.P.F.

    No creas que es como Lilita Carrio, que se la pasa denunciando y no propone nada, en todos sus documentales plantea soluciones posibles o al menos, un mensaje esperanzador. Fernando “Pino” Solanas, político y cineasta, es alguien a quien deberíamos escuchar y comprender para, al menos, entender por qué hoy estamos como estamos.